5 ago. 2009

Brevemente: Y entonces, Kitano alcanzó a la tortuga


Aquiles y la tortuga (2008), de Takeshi Kitano.

Qué bien me sabe volver a recuperar al gran Kitano (algo cambiado). Y eso que, tras la autoinmolación iniciada en Takeshis y consumada en Glory to the Filmmaker sabía que no volvería a ser el de siempre. Rara vez, en la historia del cine, se han visto ejemplos de un cine que reflexiona sobre las condiciones fílmicas y personales de su propio autor con tanta crueldad, corrosión, visceralidad y con tan evidentes marcas de fatiga de un hombre que se ha cansado de sí mismo y del reflejo que han creado los medios de comunicación de su persona. Se satirizó sin piedad en la estimulante e irregular Takeshis, insertando en una misma narración a Takeshi-persona y Takeshi-personaje, al actor de poca monta que empezó siendo y al artista polifacético y consagrado que ha llegado a ser. Tras la nefasta Glory to the Filmmaker, que mantenía un tono aceptable (especialmente divertido era su guiño al melodrama japonés clásico) durante su primera media hora, pero que acababa desmadrándose de una forma tan gratuita como carente de cualquier asidero formal o narrativo, pensé que, hiciese lo que hiciese Kitano después, necesariamente sería mejor que este inenarrable tropezón del Beat.

Y así es. Aquiles y la tortuga no decepciona: durante media hora evoca con acierto y sencillez el tono de tragedia revestida melodramáticamente característico de Ozu; después, se sumerge en la excentricidad hiperbólica que rodea la fijación artística de su protagonista: un hombrecillo, con vocación infantil de pintor, que persigue el éxito en galerías artísticas en vano, como si de la famosa paradoja de Zenón del título se tratara.
Me río de las surrealistas desventuras de este tipo, pero a la vez me despierta infinita piedad su tragedia. La película avanza de fracaso en fracaso, e intercala agudas -aunque algo esquemáticas- críticas al mundo del arte. El verdadero triunfo resulta ser la comprensión de que éxito y talento no van necesariamente de la mano, y de que, medrar en un mundo tan elitista y exclusivo, tiene más que ver con el marketing, la habilidad de promoción y el apoyo de mecenas-inversores que con la genialidad.

Muy satisfactoria; pierde, en buena parte de su metraje, la rigidez y el hieratismo de las pelis anteriores del director; pero conserva su humor casi pueril y su característico lirismo lúdico. Es un Kitano agradeciblemente reinventado. Que siga así.

1 comentario:

Shohei10 dijo...

Sinceramente desde mi mas rotundo conocimiento en el mundo del cine, está película me ha parecido bastante curiosa. Takeshi tiee su estilo propio, partamos de ahí.Pero es totalmente distinta al resto de sus peliculas, siempre trata de dar un mensaje, el cual se "caza" muy facilmente. Está película te deja pensando y te identifica con el personaje, el sufrimiento que siente desde que es un niño.
Pasando de página estoy de acuerdo con tu "post", no tengo nada mas que decir, lo único que hay que estar espectacte al nuevo proyeto de Kitano.
Un saludo.