23 sept. 2008

Reivindicación (II): Padre Padrone


Padre Padrone (1977), de los Hnos Taviani.

Primera película que veo de los alabados/denostados hermanos Taviani, y primera gran satisfacción que me llevo con su cine. Digamos que tengo prejuicios hacia el cine social italiano post-neorrealista. Los 70 son una década especialmente mala, en la que proliferan películas que analizan hechos sociales e ideas desde una óptica marxista, pero con resultados generalmente irregulares. Films como La clase obrera va al paraíso (1972) o El amargo deseo de la propiedad (1973). Películas prematuramente envejecidas, enterradas en su excesivo afán didáctico (por muy honesto que fuera) y en la labor de dirección, habitualmente mediocre y llena de tics propios de la época. Fue un renacimiento del cine social pero muy por debajo de lo que habían dejado atrás maestros como Rossellini, Vittorio de Sica o el primer Visconti. Sin embargo, también podemos encontrar films de indudable interés, como la emotiva Sacco y Vanzetti (1971).
Esperaba de Padre patrón un film combativo y comprometido, pero de realización mediocre, con abundantísimos e injustificados zooms (marca de tiempo y de lugar) y personajes planos y de una sola pieza. Todo al servicio de un mensaje de presunta contundencia, pero mucho más cercano a lo peor del realismo socialista ruso que al precedente neorrealista.
Afortunadamente, no se cumplieron las expectativas. Es una película sencilla, con una estructura externa ciertamente extraña, entre brillante y caótica, pero arriesgada en todo caso. El enfoque realista tanto de personajes como de situaciones, la planificación con reminiscencias del impresionismo más naturalista y la mixtura entre lo social y lo lírico, entre el estudio psico-social y la reflexión acerca del lenguaje como forma de rebelión construyen un film auténticamente sólido, lleno de fuerza, con un naturalismo para nada impostado. Desconcierta por su sequedad y su aridez, pero también emociona por la fuerza que tienen las situaciones propuestas, utilizando como lírico leit-motiv el balanceo del solitario protagonista. La capacidad de los Taviani de desarrollar unos personajes creibles, sin aristas, pero llenos de recovecos, es destacable, tanto como la labor de los actores amateurs, en muchos casos, interpretándose a sí mismos. Y sí, hay didactismo, pero el maniqueísmo queda fuera de su ámbito; es un film con un claro enfoque marxista sobre el presente italiano (particularmente del sur subdesarrollado), pero el hecho de focalizarlo sobre un caso concreto, con detalles que aportan verosimilitud (Extraídos de la biografía de Ledda), y de huir de la unilateralidad temática (yendo más allá de la denuncia antipatriarcal) y de los personajes de una sola pieza le aportan las dosis justas de inteligencia y credibilidad que terminan de redondear la película. Cruda y sincera.

1 comentario:

El rincón de Chiriveque dijo...

El mejor cine italiano es el de Jaimito.