20 jun. 2008

En cartel (IV): Vuelve Darabont


La niebla (2008), de Frank Darabont.

Nota: pido perdón por mis simplificadas referencias al cine de terror de bajo presupuesto de los 50, al que no conozco convenientemente; así, limpio este análisis de cualquier referencia a la adaptación de obras de King por parte de Darabont.

Ya sólo porque un director como Frank Darabont, que en los 90 dirigió y escribió una de las óperas primas más redondas, clásicas y hermosas de la década, Cadena perpetua (1994), haya vuelto a estrenar, debería ser motivo de alegría.
Quizás, tras el sonado comienzo, su siguiente película, varios años después, supuso cierto bluff para los que esperábamos cierta evolución de un director que ya comenzaba a situarse en el panorama de los más interesantes surgidos en los irregulares ´90. Lo cierto es que La milla verde (1999) era una película con un par de secuencias emotivas, entretenidísima como todo lo que rueda Darabont -en este caso, más meritorio por la larguísima duración del film-, pero que dejaba cierto regusto a "Esto ya lo he visto".
The majestic (2001) suponía otra revisitación a los tiempos -y al cine- de sus estimados años 50, y ésta vez, más concretamente al cine de Frank Capra, cuyo humanismo maníqueo contagia estos tres films del director. Constituye, pues, un film tierno hasta el empalago, dulce hasta ser almibarado, pero que funciona, además de por las notables interpretaciones (incluso por parte del temible Jim Carrey), por ser un ejemplo de cariño de un director hacia sus personajes.

Estos tres films componen la imagen de un director con tendencia al ternurismo, al humanismo, siempre con un afán de denunciar injusticias, en el caso de Cadena perpetua, el autoritarismo y los regímenes carcelarios; en La milla verde, denuncia la pena de muerte y en The Majestic sitúa en el punto de mira la intolerancia y la persecución ideológica. ¿Qué le habrá tocado en La niebla?.
***

La última película de Darabont es una película de Serie-B de los años 50, con ecos de films más recientes como La cosa (1982), de John Carpenter -homenajeada directamente en dos escenas-.

Lo peor de ella, son, probablemente, las limitaciones propias de este subgénero, que el director se limita a imitar -estupendamente- en fondo y forma. Sin más, en principio. Personajes caricaturescos, explicitud excesiva, etc.

Los mayores aciertos son las dosis de drama que encuentran en la historia su sitio, los diálogos naturalistas y creibles que atenúan el carácter simple y plano de la mayoría de sus personajes -excepto por el conmovedor y creible protagonista y un par más, pero escasos- y lo logrado que está, en principio al menos, el microcosmos de personajes recluidos en un supermercado.
La película encuentra sus puntos álgidos de tensión cuando enfrenta a los hombres con los hombres, y un poco menos en las correctas escenas con monstruos. Lo que más flaquea, en este sentido, es la excesiva explicitud a la hora de mostrar bestias que la niebla que da título a la película podría haber ocultado aún más. Técnicamente, la película es manifiestamente minimalista, barata e incluso cutre. Opta por actores desconocidos (Excepto por la siempre ejemplar Marcia Gay Harden). Quiere ser cine de terror-ciencia ficción B, y eso lo cumple con creces. No añade mucho a lo visto y oído en este cine, siendo su verdadera aportación el naturalismo de situaciones y diálogos, pero la originalidad de su planteamiento, lo entretenidísima que resulta (al principio correcta pero cada vez más convincente hasta que a los viente minutos uno se siente atrapado por la película) y lo tensa que logra ser en muchos momentos la hacen un film más que correcto, muy apreciable, una vuelta a un subgénero cada vez más reivindicado (lo prueban los innumerables remakes que tenemos que soportar últimamente).

El mayor problema de la película viene en su inevitable denuncia social, en el ratito en que el director quiere hacer trascender su mensaje. El problema es que el fanatismo denunciado aparece impostado, metido con calzador de una manera tosca y casi grosera, el giro psicológico que debería manifestarse en los personajes es tan nulo como su propia psicología. Ocurre lo mismo que en muchas películas de George Romero, y es que la llaneza que define a los caracteres se hunde al intentar darles a esto una importancia mayor de la que tenían hasta entonces. Desde otro punto de vista, el típico, tópico y trilladísimo mensaje sobre experimentos peligrosos en manos de militares inconscientes reaparece de forma simpática, incluso entrañable, echándose de menos ese afán didáctico ingenuo y simplista, pero tan desgraciadamente cierto como una guerra.

Aparte de este punto sobre el fanatismo propiciado por el miedo (con la evidente denuncia que al rumbo que en política exterior han tomado los EEUU de George Bush) en que el film realmente flojea, la película funciona a la perfección. Los monstruos, si bien no provocan sudores, son imprevisibles en sus ataques y Darabont ha tenido el tino de mostrar que cualquier personaje puede morir en cualquier momento, lo cual aumenta la inquietud que provocan sus ataques en el espectador. Aunque, como ya he comentado, el verdadero terror llega cuando todo ha de decidirse entre seres humanos. El racismo, los prejuicios sociales, la estupidez...se manifiestan en personajes arquetípicos de forma eficiente. El problema es cuando, hacia los cuarenta o cincuenta minutos de película, Darabont trata de hacernos creer lo increible mediante el liderazgo que consigue el demente personaje de Marcia Gay Harden.

Técnicamente, podemos hablar de una cámara cuyo nerviosismo eléctrico es fundamental en muchos momentos, pero usado de forma repetitiva, innecesaria y excesiva en otros. Los monstruos, con efectos de Playstation y la pobreza en general de efectos especiales, le dan cierto encanto a un film que consigue muy bien, en ese sentido, aproximarse al cine que, más que sencillamente homenajear, trata de retomar seriamente.

Si bien he hablado de que la parte dramática de la película cumple, habría que hablar, en punto y aparte, del último cuarto de hora de película. Ya está desatando polémica, y es que su brutalidad y la manera terrible de finalizar la película, inmerecida para su honesto protagonista -un personaje, sin duda, memorable e impropio de los límites que imponen los códigos de este tipo de cine- son, cuanto menos, desconcertantes. Este último rato, que no comentaré para quien no haya visto la película, es tenso, trágico e imponente. El ritmo lento y las miradas desprendidas de toda esperanza imponen. Pero aún más la resolución que toman los personajes en los últimos minutos. Este último rato, tan poco efectivamente comercial como hiriente no dejará indiferente a nadie. A mí, me parece que se eleva por encima del resto del film, casi siempre muy conseguido como ya he comentado.

En resumen: cine de terror y ciencia ficción de bajo presupuesto que se aleja del mero homenaje, y apuesta por crear una película personal, pero próxima siempre con respeto a los códigos. Muy bien narrada por un Darabont que no ha perdido sus dotes, entretenidísima, angustiosa en muchos momentos, tensa. Sólo hay lugar para la torpeza en una denuncia social implantada con vulgaridad, y encuentra su vuelo más álgido en las dramáticas discusiones entre personajes y en un desenlace valiente y pesimista. Curioso es que, dado el pésimo panorama cinematográfico actual (y más el referente a este género), coincidan en cartelera dos películas con premisas parecidas, pero muy distintas: La niebla y El incidente, ambas comprometidas con el cine y con su tiempo; pero si una aboga por un cine de terror clásico, la otra, resulta transgresora y arriesgada.

Ahora, una humilde cuestión: ¿dónde quedó el humanismo capriano de Darabont? ¿Se acabó el tiempo de los sueños?.

4 comentarios:

El rincón de Chiriveque dijo...

Quisiera hacer destacar la enorme superioridad de "Cadena perpetua" en comparación con "La milla verde". La primera es un film casi redondo, emotivo, un cuento fabuloso. El segundo, pretendiendo prorrogar el éxito de la anterior cae en el exceso de melosidad, metraje y conservadurismo. Un abrazo, amigo.

Fiodor M. Dostoievski dijo...

No sé por qué conservadurismo. Es un alegato contra la pena de muerte y el racismo preponderante en la época en que se desarrolla.
Yo también creo que Darabont repitió y remasticó la fórmula de la fabulosa Cadena perpetua con La milla. Como he dicho, siendo una película entretenida en todo momento, bien hecha en general, sí deja sabor a deja-vu y realmente no llega a impresionar. Además, a ratos, empalaga.
Saludos.

El rincón de Chiriveque dijo...

Me parece ver conservadurismo en que únicamente se hace al espectador tener pena del condenado a muerte debido a su inocencia. Eso ya se vio en el clásico "Quiero vivir" y es muy típico de los americanos.
Por otra parte, es muy agudo que veas aspectos caprianos en este díptico, en verdad es cierto, especialmente en "Cadena perpetua"... Por otra parte, me parece muy pobre el homenaje que se pretende hacer a "Sombrero de copa" en "La milla verde". ¡Qué gran bailarín fue Fred pero al mismo tiempo qué notable cantante!...

Fiodor M. Dostoievski dijo...

No estoy de acuerdo. También inspira piedad el condenado a muerte que mató a una familia haciendo arder su casa. Recuerda la historia que tenía con el ratoncito.
Te recomendaría que revisaras la peli.
Saludos.