15 jun. 2008

En Cartel (I): Indy ha vuelto

INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL (2008), de Steven Spielberg:

No pocos de nosotros, siendo unos criajos, tomamos la decisión de ser arqueólogos porque un menda que paseaba doquiera que fuese un látigo, un sombrero Fedora y una chaqueta de cuero marrón, nos había enseñado realidades tan ilusorias como que la arqueología era una irresistible combinación de investigación detectivesca (a lo Poirot, a lo Holmes) y brincos, saltos, volteretas y puñetazos, en pos de objetos míticos y milenarios que escondían fuerzas sobrenaturales y sorpresas imprevistas.
La decepción llega con los años. Y te das cuenta de que si quieres ser arqueólogo probablemente te acerques más a ese Jones catedrático que enseña perogrulladas como que "la X nunca marca el lugar" o que la arqueología no es ninguna aventura. O, tal vez, termines (¡Oh, no!) en un laboratorio.

Aún pasando el tiempo y dejando atrás los tiempos de los castillos de arena (snif), un servidor no puede sino exaltarse con febril entusiasmo cuando las revistas, televisión y radio braman que una de sus referencias vitales de la infancia -y de siempre- ha vuelto (de donde sea que vuelvan los héroes cuando su inventor decide aparcarlos).

Han pasado diecinueve años desde que Indiana Jones y La última cruzada (1989) llegó a los cines. Y hace más o menos la mitad de ese tiempo, que George Lucas y Steven Spielberg empezaron a jugar a ser los Pimpinela del mundo del espectáculo, anunciando nuevos guiones para rodar una fatigosamente postergada vuelta del cazatesoros más célebre de la historia cinematográfica.
Ha habido rumores, distintos guiones o esbozos (con títulos tan exóticos como El rey mono o La llamada de la sangre), guionistas talentosos trabajando en ello (Frank Darabont* es el mejor ejemplo) y excusas continuas (que olían a miedo puro al riesgo) por parte de Lucas, Ford y Spielberg en cada rueda de prensa en que eran interrogados acerca del prometedor regreso.
Al final, cuando te largan que van a comenzar el rodaje, que tienen todo preparado, que el proyecto empieza a dar frutos, no puedes evitar una carcajada cínica ("¡Venga ya!").

Tuve tiempo -sobre todo las semanas antes del estreno- para temer la posible decepción. Pero la ilusión de que volviera Indiana Jones, el (¿anti?)héroe más célebre e influyente del cine moderno y contemporáneo, con las apasionantes pesquisas de siempre, el fresco sentido del humor y la acción de primera clase era una promesa demasiado seductora como para acabar con la esperanza y la expectación de tantos años.

Y es que el cine, por más que muchos se avergüencen de admitirlo, es también fuegos artificiales, cabriolas y, en fin, entretenimiento, espectáculo, alborozo. Y ya sé, adoradores obsesivos de Godard, Apitchapong Weerasethakul y Jia Zhang Ke, que para vosotros las nociones de ritmo, sentido del suspense y del misterio son superficiales, hueras, asuntillos propios del cine burgués, eternamente anquilosado. Pero bueno, ¿qué se le va a hacer?, yo no me avergüenzo de divertirme con una narración clásica, lineal; con una historia contada como toda la vida.

Los tres asuntos que me tenían preocupado antes de poder sentarme tranquilamente en la butaca a sufrir o disfrutar el espectáculo eran lo siguientes:

1) Que la película se limitase a ser un film de acción eficiente, pero hubiera perdido la esencia Indy: humor, autoparodia, aura mística, viajes tan misteriosos como divertidos, entre lo detectivesco y lo puramente aventurero.

2) Que fuese, finalmente, un simple cúmulo de autorreferencias y guiños que manipularan tramposamente la mitología creada por las anteriores entregas. En otras palabras: que dejara de ser una película independiente, como lo eran las otras tres.

3) Que no supieran aportar un nuevo punto de vista sobre el personaje, que no le diesen juego al cambio de edad del personaje, que se limitaran al autoplagio.
* * *

Sin más preámbulos: ninguna de las tres premoniciones se cumplió.

A Steven Spielberg, tras exprimirse coco y dejarse el alma en esa sombría y nada autocomplaciente reflexión que es Munich, no es difícil imaginárlo frotándose las manos con euforia adolescente al reencontrarse, ya rozando la senectud, con su juguetito cinematográfico particular. Ha logrado con creces su propósito. La película respira desde el frenético prólogo el aroma del viejo cine de aventuras que Indiana Jones homenajea y parodia (¿Quién decía que ambas cosas eran la misma?). La energía del arranque promete una película a la altura del resto de la saga y consigue con creces ganarse un sitio junto a la trilogía.

La trama detectivesca desarrollada en Perú quizás sea la parte más floja de la película, no por falta de corrección en su artesanal ejecución sino por previsibilidad y sabor a deja vú.

Aparte de eso, han sabido encontrarle a Indy un nuevo acompañante a la altura, rodar unas escenas de acción memorables, escribir unos diálogos afilados y divertidos y, por tanto, hacer una película para mirarla boquiabierto y con ojos como platos, que nos recuerda que todavía hay directores que son capaces de hacer un cine masivo inteligente, magia de la evasión, capaz de robarle las pupilas a cualquier espectador, independientemente de la edad.

Así, nos encontramos con dos de las persecuciones mejor rodadas de los últimos años (Sobre todo, una que sucede en plena selva amazónica), sulfúricas sesiones de esgrima, saltos y caídas imposibles y, por si faltaba algo, hormigas carnívoras en evidente referencia a Cuando ruge la marabunta. Lo más insólito para mí, de todas maneras, fue volver a ver una pelea a puñetazo limpio, de esas que dejaron de estar de moda hace tanto tiempo, desde que en el cine de acción se ha decidido que todo duelo debe estar aderezado por supersaltos, patadas voladoras y todo tipo de florituras que, por el bien de mi aparato digestivo, mejor sería no comentar.
Y es que, huyendo de toda la tendencia contemporánea a la estética publicitaria y a la planificación de videoclip, Indiana Jones y ERDLCDC se presenta como un entretenimiento no sólo sano, sino necesario y reivindicable, recuperando esencias de un cine que demuestra que comercial y estúpido no son términos necesariamente indisolubles.

¿Ha cambiado algo respecto a las otras tres películas?. Sí, han pasado veinte años. Indiana Jones ya no es un mozuelo (Harrison Ford tampoco), algo que queda claro desde las primeras líneas de diálogo. En muchas escenas de acción su papel será secundario e incluso anecdótico.

Por otra parte, estamos en 1957: el enemigo de turno ya no es la Alemania nazi, sino la URSS. Y este cambio de época trae novedades: la paranoia anticomunista de la era McCarthy, la Guerra Fría, el secretismo con el que operaba el gobierno estadounidense y, por supuesto, la obsesión alienígena y las supuestas conspiraciones de dominación mental que el cine más apologético de aquélla época trataba de diseminar entre los ciudadanos.

En los primeros y masgitrales quince minutos, el film deja muy claro este cambio de época con todo lo que ello implica: pandilleros, un almacén militar en medio del desierto de Nevada, rusos,
pruebas nucleares...e incluso una nevera, ¡que para algo es Fría esta Guerra!.

Hay entretenimiento, hay escenas de acción tan espectaculares como ingeniosamente coreografiadas, hay humor de primera clase, hay autoparodia y homenajes... . Al final, la espera mereció la pena.
John Williams vuelve a componer la BSO de la película: la música sigue siendo casi plenamente narrativa, y acompaña bastante bien los puñetazos, patadas y saltos. Es posible señalar que recicla demasiados temas de En busca de el arca perdida y de La última cruzada, pero sería injusto no hablar de varios nuevos temas solventes y apropiados.
La fotografía del ya habitual para Spielberg Janusz Kaminski, sin resultar mediocre, sí es verdad que disneyfica un poco el look necesariamente poroso y envejecido de los filmes de Jones.
El guión de Koepp funciona muy bien, sobre todo a nivel de diálogos, aunque se le podría haber exigido alguna explicación más sobre algún punto finalmente oscuro de la trama, y un mayor desarrollo del personaje de Marion Ravenwood, cuya presencia es la única concesión injustificada a las anteriores películas, ya que su funcionalidad es la de ser un mero guiño.
Los intérpretes cumplen, especialmente un magnífico Harrison Ford con los pantalones caídos y ligeramente encorvado, que sabe comunicar los matices que ha adquirido su personaje, cada vez más profesor y menos aventurero, cada vez más temeroso y menos temerario. Asimismo, hay que aplaudir la memorable composición de una Cate Blanchett que dibuja en su rostro la mirada y la gestualidad de una villana más propia del comic que del cine, que también acaba siendo la mala más humanizada de la saga. Shia LaBeouf, tras su estrepitosa seudointerpretación en Transformers lleva más que correctamente su interpretación de motero macarra, a lo Marlon Brando en Salvaje.

Spielberg no ha decepcionado. Ha rodado con mano maestra un entretenimiento a lo grande. Cine de acción y aventuras del que se echaba de menos. No todos los días resucita un héroe tras veinte años muerto, pero, aún más importante, no todos los días resucita bien. Y es ese el gran logro: haber mantenido la esencia sin traicionarla a pesar del tiempo que ha pasado.


*Tengo el guión de Darabont en PDF. Si estáis interesados os lo envío al e-mail.

5 comentarios:

Yogu dijo...

Pues no me voy a extender en mi comentario tanto como en tu escrito, jaja, entre otras cosas por que tengo las palabras limitadas para pasar el día jaja, pues poco que decirte, sobre la 4ª nada, por que no la he visto, aunque conozca a uno de los actores en persona, pero sobre las 3 anteriores me gustaron, y te las tengo que pedir para que me las dejes y refrescarme los recuerdos sobre las 3 pelis, y asi nada mas averlas visto pues ver la 4 jaja, pues eso, que espero que prospere mucho el blog y ya te comentare mas veces jaja, siempre que no sea una peli de la cual no pueda hablar nada al respecto jaja, pues eso, un abrazo hasta luego

Amazon Warrior dijo...

Gracias por comentar que habías puesto la crítica de la nueva película ya que es un auténtico placer leerte ya que me pareces de los más coherentes (y de los que mejor argumentan) del foro.

Un saludo!

Fiodor M. Dostoievski dijo...

Muchas gracias a Yogu y Amazon por escribir.
Me siento muy halagado por vuestros comentarios... .
A ver si el foro cobra un poco más de vidilla poco a poco!. En el que tenía antes, se montaban discusiones largas con cada post.
Pues eso, muy agradecido a los dos y nos vemos ;-).

El rincón de Chiriveque dijo...

Muy bien descrita la opinión sobre la película. No he tenido la oportunidad de verla, en todo caso "En busca del arca perdida" es uno de los filmes de mi adolescencia (soy más mayor, snif) y creo que los dos siguientes están ya claramente por debajo. El del templo maldito chirría en su contenido pseudogore que lo aleja de su adecuación a ser uná película pretendidamente familiar y la última cruzada carece de bastante encanto, pese a algún acierto aislado.

Fiodor M. Dostoievski dijo...

A mí La última cruzada me parece que recicla bastante bien elementos de El arca perdida, y lleva la sátira de Indy al extremo. Los primeros quince minutos, en que se nos narra ese origen del héroe, llevándolo casi hasta la pura leyenda mitológica y rozando el ridículo (ese chavalito que en una misma aventura encuentra los dos objetos más característicos de sus aventuras) son un conjunto de escenas fantásticas.
A mí me parece una película endiabladamente entretenida, bien contada, sin fisuras, con un Sean Connery apoteósico y un tono que se acerca muy acertadamente a la screwball comedy en muchos momentos.
Sobre El templo maldito, gustándome bastante, los elementos gore sí me parecen bastante horterillas y creo, como tú, que sobran.
Saludos.