18 jul. 2009

Vuelve Barraca de Feria

Retomo este Blog tras una larguísima pausa. Las excusas que puedo encontrar son varias -estudios, trabajo, podredumbre moral-, pero, en realidad, sólo puedo achacarle a un factor este inopinado abandono: la pereza.

Vuelvo, y no quiero volver a irme (Qué barroco me ha quedado). Una de las cosas que me motiva a rehilar esta prenda de varias telas -ninguna definitoria de su carácter-, más de áspera lona que de seda, es el haber ganado el XII Concurso de Crítica de Cine de Guía del Ocio, al que se presentaron más de 3000 personas en la Comunidad de Madrid. Comenzaré mis primeros pinitos profesionales (Aunque ya he escrito, de manera desinteresada, en otras publicaciones impresas) el mes de agosto, en la revista, para los interesados. Las críticas que me hicieron recibir este honroso reconocimiento fueron sobre las películas Watchmen (Que puse a caer de un burro) y Revolutionary Road (Encumbrada sin sonrojo).

Mi breve crónica de la peli de Mendes salió publicada en la propia Guía del Ocio. También la podéis leer en este enlace, pero la pego en el propio Blog, esperando la opinión de mis escasos pero queridísimos lectores (si es que aún los sigue habiendo):


"Sam Mendes se reafirma, en su cuarta película, como un director camaleónico y heterodoxo. Frente a los delirios autorales de algunos venerados artífices del cine moderno, obsesionados por dejar una huella de autoridad artística en cada producto, el cineasta inglés demuestra una vez más una notable habilidad para que el tono exigido por la historia narrada sea el molde que dé forma a la puesta en escena. Esto no riñe con una continuada y honda preocupación ética y estética, algo que manifiesta ejemplarmente en Revolutionary Road.

Ciñéndose a la novela homónima del muy vigente Richard Yates (desarrollada en los años 50 del pasado siglo), Mendes se convierte en desgarrado relator de las miserias cotidianas de una grisácea clase media enclaustrada en las coloridas viviendas con jardín de los suburbios de Connecticut. El hiriente y corrosivo zarpazo al sueño americano (también británico, español o canadiense, por supuesto) remite a la esperpéntica farsa American Beauty (Sam Mendes, 1999), pero ésta vez el tono es calculadamente serio (huyendo, eso sí, de toda solemnidad impostada) a la par que versátilmente cotidiano. Su principal mérito es construir un filme de profundas implicaciones sociales, y no exento de cierto alcance poético, a través de un manojo de sujetos prosaicos, extraídos del más vulgar y tangible día a día (evitando cualquier estilización complaciente). El resultado es la crónica de la gran derrota de un país concebido entre quimeras decimonónicas y sobre pilares revolucionarios erosionados por el tiempo, ejemplificada en un pequeño drama matrimonial de frustración y fracaso, tanto más aterrador al tratarse de una tragedia de andar por casa, inmediatamente identificable en la realidad más próxima.

Resulta reconocible la angustia de ésa joven pareja que empieza a ser consciente de que la mediocridad circundante, antes criticada y desdeñada, comienza a empantanar los rituales diarios que componen su existencia. La desasosegante peripecia la encabezan un marido tan conformista como hastiado de su presente, y una estrellada actriz amateur con la audacia suficiente para luchar por añoradas utopías parisinas, que fácilmente podrían truncar las complejas circunstancias. La dirección de Mendes puede ser culpada de rígida y teatral, pero resulta tan efectiva como apropiada para transmitir el doble rostro de esa quietud engañosa del falsamente armónico hogar burgués, siempre a punto de derrumbarse definitivamente.
El sosiego aparente de la narración no tarda en abrir paso a volcánicos estallidos de cólera, descarnadas batallas dialécticas, en las que incluso las referencias a los hijos se convierten en armas arrojadizas para los resentidos amantes. La cruel visceralidad de las confesiones matrimoniales (rodadas con un estilo más dinámico y vibrante que el del resto del metraje) logran alcanzar auténticos clímax verbales e interpretativos, a la vez que ponen de manifiesto las capacidades de unos perfectos Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, piedras angulares del filme, que se muestran igualmente expresivos en las secuencias de exigida contención, redondeando el sobresaliente resultado: un contundente desafío a la falta de aspiraciones de una sociedad incómodamente acomodada."

3 comentarios:

El rincón de Chiriveque dijo...

Estimado amigo, una alegría saber que retomas tu blog.
Enhorabuena de nuevo por tu crítica y te deseo la mejor de las suertes como crítico cinematográfico, me encantaría de verdad, leer una guía del videocine escrita por ti, sería mucho más cabal que la de Carlos Aguilar.
A todo esto, que sigas disfrutando de tus vacaciones en Buenos Aires, recuerdos a tus padres y hermano. Y, ya sabes, que mi blog sigue abierto para ti, es más, esperando que vuelvas a meter tus acertadas cucharadas.

Un fuerte abrazo.

PD: ¿No es, cuando menos irónico, que hayas regresado al mundo bloguero un 18 de julio??.. jjujujuju

Fiodor M. Dostoievski dijo...

Gracias, amigo. Un fuerte abrazo. Lo del 18 de julio ha sido calculado, no te creas...es broma, ni me había fijado.

"El Dandy" dijo...

Hace ya mucho tiempo que no leía una acertada e interesante crítica cinematografica, sin duda eres uno de los mejores.. felictaciones.